Voy a contar mi experiencia en la escuela de Mayores de Peñaflor. Estaba en lo que es ahora la ludoteca. era un edificio de 3 plantas, en la primera estaban los chicos, en la segunda las chicas y en la última planta estaba la vivienda del maestro, Don Roberto.
Se entraba a los 6 años de edad y se continuaba hasta la adolescencia. Mi etapa fue de 1.961 a 1.964.

Don Roberto Iglesias era el maestro de los chicos y Doña Esperancita la de las chicas.
Estábamos todos en una sola sala, todos los cursos juntos. Para estudiar utilizábamos una Enciclopedia, libro grueso que contenía todas las materias. El maestro iba explicando las lecciones por grupos de cursos o edades y luego les preguntaba “la lección”. Entonces se hacía realidad la frase: “la letra con sangre entra”. Los maestros podían castigar a los alumnos, generalmente pegando en las manos con una regla.
Cada 3 meses generalmente, el maestro nos realizaba unas “pruebas objetivas” consistían en pequeños exámenes de lo tratado en el trimestre.
Un día a la semana hacíamos algo de gimnasia en el patio que había detrás de la escuela, pero principalmente hacíamos ejercicio jugando al futbol en la plaza de las escuelas, que teníamos al frente.
Para el cumpleaños del maestro y de la mujer del maestro “Doña Sara”, hacíamos una pequeña fiesta en la misma escuela y cada chico podía contar una historia, contar un chiste o cantar algo y era recompensado con un chupito de alguna bebida que le gustara.
En la escuela de las chicas la maestra era Doña Esperancita, que vivía en Zaragoza y venía a Peñaflor a dar clase. Me acuerdo que tenía un biscuter (corrijo por indicación de un familiar, era un PTV) descapotable rojo, muy bonito, pero que no se ponía en marcha casi nunca y para ponerlo en marcha teníamos que empujarlo hasta que arrancaba.

Por las mañanas el recreo que consistía en salir a jugar a la plaza de enfrente. Y para coger fuerzas nos daban un botellín de leche, de “Cluzasa”.
Unos años después de entrar, sobre 1.963, pusieron comedor en la planta segunda y nos quedábamos a comer los que queríamos. Seguro que muchos os acordaréis de la cocinera “Luisa”.
Por Carlos Ramos
Nota: Si alguien guarda alguna enciclopedia de aquellos tiempos me gustaría hacerle una foto para ponerla en este recuerdo, gracias.
